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Cualquier representación de la historia, constituye, inevitablemente, una clausura de la misma. El devenir histórico carece de límites y teleología; una serie de acontecimientos y motivos, de consecuencia imprevisibles, cuya selección y jerarquización siempre es un acto retórico. Siempre que parcelamos la historia en movimientos o periodos, nos referimos a algo que no es exactamente el pasado, sino una versión del mismo.

El teatro, como cualquier otro tipo de representación, histórica o científica, adoptara diversos tipo de relación con la historia que represente.

Los estudiosos consideran que el teatro tiene su origen en las danzas realizadas por el hombre primitivo alrededor del fuego, los rituales mágicos relacionados con la caza, al igual que las pinturas rupestres, y la recolección agrícola que, tras la introducción de la música y la danza, se embocaron en auténticas ceremonias dramáticas donde se rendía culto a los dioses y se expresaban los principios espirituales de la comunidad. Este carácter de manifestación sagrada resulta un factor común en la aparición del teatro en todas las civilizaciones.

Nace así, entre los siglos V y VI antes de Cristo, el teatro entendido como “arte dramático”. Evolucionó de antiguos rituales religiosos; el ritual pasó a mito y, a través de la «mímesis» , se añadió la palabra (los textos) , surgiendo la tragedia, que debía ser capaz de conmover y causar pena, teniendo un desenlace funesto con el que los espectadores experimentarían la “catarsis”.

Más adelante surgió la comedia, con un primer componente de sátira y crítica sociopolítica, derivando más tarde a temas costumbristas y personajes arquetípicos.

Mientras que durante el nacimiento del teatro griego predominó la tragedia.Con el paso del tiempo, esta había sido sustituida por la comedia como forma dominante debido a la gran influencia griega en la cultura romana. El teatro romano, en un principio, se asociaba con festividades religiosas, aunque la naturaleza espiritual se perdió pronto. No es de extrañar que la forma más popular fueran las comedias debido a que las obras se basaban en una intriga colectiva y local.

La cosmovisión del ser humano evoluciona constantemente, es por esto, que las representaciones teatrales son reflejo del contexto histórico en el que se desarrollan, capaces de construir y deconstruir el discurso narrativo e ideológico que representan.

Durante la época medieval, el teatro surge vinculado al culto religioso; con tres diferentes arquetipos: «litúrgico», temas religiosos dentro de la Iglesia, la misa, que es en sí misma un drama, una representación de la muerte y resurrección de Cristo; «religioso», en forma de misterios y pasiones serán los clérigos los que creen los primeros diálogos teatrales: los tropos, con los que escenificaban algunos episodios relevantes de la Biblia. Estas representaciones, se fueron haciendo más largas y espectaculares dando lugar a un tipo de teatro religioso que fue el teatro medieval por excelencia.

Poco a poco se fueron añadiendo elementos “profanos” y cómicos a este tipo de representaciones que, por razones de decoro, terminaron por abandonar las iglesias y comenzaron a realizarse en lugares públicos; y «profano», temas no religiosos, el teatro se emancipó del drama litúrgico para representarse fuera de las iglesias y evolucionó en ciclos que podían contar con hasta 40 dramas, que eran producidos por toda una comunidad cada cuatro o cinco años.

Con el surgimiento del renacimiento se infiere el paso del teocentrismo al antropocentrismo, con obras más naturalistas, de aspecto histórico, intentando reflejar las cosas tal como son. Se busca la recuperación de la realidad, de la vida en movimiento, de la figura humana en el espacio, en las tres dimensiones (acción, espacio y tiempo), basándose en la Poética de Aristóteles, teoría introducida por Ludovico Castelvetro en el mundo teatral.

Por su parte, el teatro barroco se desarrolló sobre todo la tragedia, basada en la ineluctabilidad del destino, con un tono clásico, siguiendo las tres unidades de Castelvetro. La escenografía era más recargada, siguiendo el tono ornamental característico del período barroco.

El siglo XVII fue el Siglo de Oro del teatro en España. Este acota uno de los periodos más fértiles de la dramaturgia universal, si bien la propia forma de denominar esta época ha sido conflictiva de unos países a otros. Se crean las primeras salas teatrales llamadas corrales de comedias, que eran gestionadas por las hermandades, verdaderos precedentes del empresario teatral moderno. Van a proliferar los autores, las obras y las compañías. El teatro deja de ser un acontecimiento restringido para convertirse en un producto competitivo, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda.

Al establecerse el romanticismo en el mundo, aparece el interés del hombre por lo irracional, para el romanticismo, la naturaleza expresa el conocimiento, es un espacio para la reflexión.El pensamiento empírico queda a un lado y se permiten los sentimientos, los temas grotescos y oscuros – Frankenstein y Drácula, por ejemplo – de ahí que los personajes se planten ante la naturaleza en busca de saber. Más que la realidad, en el romanticismo es una interpretación de esta. Tras la tendencia de lo exótico en el teatro romántico, se afianza el drama realista de ambientación contemporánea. Ahora bien, su «realismo» es muy limitado, porque refleja de forma muy moralizante un mundo convencional, sin embargo, intenta reproducir la realidad de la forma más fiel posible y trata de analizar el comportamiento humano y sus causas personales y sociales.

Entendemos entonces el teatro como un discurso. Es decir, como un acto de comunicación entre un emisor y un destinatario en una situación específica, donde el emisor utiliza una pluralidad de signos, para construir un mensaje social y comunicárselo a sus receptores.

A partir de la vanguardia, las representaciones artísticas – ya no solo el teatro, como pasó en el siglo de Oro Español – van a responder a la cultura popular de las masas. Aunque las obras de teatro se basen en obras literarias, van a dar por sentado el tema de la literatura y se va a hacer énfasis en la producción teatral. El teatro parece por fin desprenderse del carácter impuesto en la antigüedad y ahora enaltece al actor, la puesta en escena y la dirección. El crecimiento sorprendente de nuestros medios, la maleabilidad y la precisión que se alcanza nos garantizaron cambios profundos en la industria.

Las representaciones teatrales no pueden escapar de la fuerza de la historia. La subjetividad del teatro postmoderno está hecha de hebras de historia en el mismo sentido que en cualquier otra época. El poner en discurso al pasado histórico exige una serie de decisiones estéticas y de contenidos: desde el momento en el que se eligen unos significantes frente a otros se convierte en una línea compleja de acontecimientos en una línea narrativa ordenada teleológicamente y limitada, estamos necesariamente adoptando una mirada sobre la historia; lejos de limitarse a describir un momento dado, el teatro lo construye.

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